lunes, 30 de marzo de 2015

Historia 2.

"Ojos grises, pelo azabache y largo, piel nívea. Labios carnosos y rojos, figura de diosa, sonrisa de diablo. ¿Quién era? ¿Por qué me había llevado a ese lugar? ¿Cómo se llama?

-Soy Oniria y no necesitas saber nada más.

Oniria... Tiene que ver con sueños y ese lugar parece onírico. ¿Es un sueño?

-Tan solo si tú quieres que sea un sueño, lo será.

La luz es cálida y el viento de primavera acabada, dejándole paso al verano, es muy agradable. Pero no consigo entenderla. Me tumba contra un árbol que me hace de respaldo para verla mejor, y danza a mi alrededor con mucha gracia. Se fusionaba con el aire y con el césped. Su vestido blanco se camufla con las nubes que, tímidas, pasaban rápidas encima de nuestras cabezas para que el sol le siguiera regalando sus rayos.

Termina por cansarse y se tumba en mi pecho. Parece tan frágil, tan dulce, tan pequeña. Era hermosa y me costaba creer que fuera real. Pero podía tocarla y podía también sentir su cálida piel, su suavidad, tanto como la seda.

Mientras acaricio su piel, dibujando círculos invisibles de distintos tamaños, uniéndolos en espirales, me quedo dormido, quedándome sumido en el sueño más profundo que nunca antes había tenido. Hacía tiempo que ya no descansaba de tal forma.

Pasaron un par de minutos desde que me quedé dormido y, en cuanto sonó el despertador, me di cuenta de que sí, de que estaba en lo cierto, de que Oniria era un sueño y eso me dolió un poco. Bueno, Doctor, no es que me doliera el hecho de que mi mente me produjera esa ilusión en la cabeza, de algo tan bello, sino que más bien fue una sensación de desolación, una punzada en el medio del pecho. Pero es que, aún no lo entiendo. Verá, no es que fuera la primera vez que me pasaba algo así, de hecho, siempre sueño con ella y no sé quién es. Pero esta vez fue tan real, sentí como si de verdad estuviera en ese sitio, como si en verdad la hubiera tocado. Fue muy extraño."

Resultaba ser que Mirko tenía un trastorno psíquico. En realidad conocía a esa mujer que se le había aparecido en sueños. Era María Stalaniskov, una mujer que conoció hace mucho tiempo, de la cual estuvo enamorado. Pero esta decidió tomar otro camino y ponerle fin a su vida. Tal suceso sumió a la locura a Mirko, por lo que él también quiso intentar seguirla, sin poder conseguirlo. Su familia lo internó en el Hospital Psiquiátrico Tchernovski, en Rusia, muy prestigiado, debido a su elevado nivel económico, pero si salía a la luz que uno de la familia Ivánovich estaba allí, podría provocar un revuelo en todo el lugar. La familia Ivánovich decidió dejarlo allí a Mirko sin que nadie supiera nada, con la excusa de que se había marchado hacia América a seguir con sus estudios. Nunca fueron a hacerle una visita, ni siquiera sabían si había progresado o no.

Mirko amó a María de una forma casi enfermiza, ella en secreto también lo había amado. Pero al ser de clases tan diferentes, la familia Ivánovich nunca la aceptaron y la familia Stalaniskov rechazaron a Mirko, no por su dinero, sino por la fama que se había ganado a pulso de alcohólico. Ella cayó en depresión y consiguió suicidarse lanzándose desde un acantilado. Él, al enterarse de su muerte, compró Veronal, un potente veneno que se suponía que en poco tiempo quedaría bajo una noche eterna. Pero no lo consiguió, puesto que lo encontraron justo a tiempo y, casi milagrosamente, lo salvaron, aunque sería mejor decir que lo enviaron directamente al Infierno.

Las declaraciones que me hizo, al principio me helaron la sangre, porque al principio él no hacía otra cosa que hablar de María, de lo mucho que la amaba, de que ya no podía seguir viviendo en este mundo, ya que no estaba ella. Poco a poco, esta sensación de dependencia fue disminuyendo, hasta tal punto de no saber o no acordarse de quién era María Stalaniskov. Pero la veía en sueños, él siempre me la describía y me hablaba de ella, diciendo que no sabía quién era, porque no se acordaba de ella. 

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