Porque en realidad era demasiado. Todo era demasiado. ¿Conoces esa sensación de conocer a la persona indicada en el momento más inoportuno? Esa suerte tan maldita que tanto daño hace. ¿Qué culpa tenía?
Se acerca poco a poco y la cabeza me da millones de vueltas. Pasa por mi lado y ese perfume se me queda hasta que vuelvo a mirarle a los ojos. Y vuelta la montaña rusa de sentimientos. Qué curioso es eso, ¿no? Quiero decir, empezó como un juego tonto. Te miro, me miras, risa por aquí, risa por allá, me acerco más, te acercas más, y más, y más... Para. Se nos está yendo de las manos. Pero me gusta tanto... Sigue un poco más... ¿Lo sientes? Te siento tan cerca... ¿Soñará conmigo también? Es que cada noche se me aparece, de una manera u otra, en los míos. Me despierto con un sabor totalmente agridulce y la piel erizada pensando que quizá es un recuerdo, pero qué va, eso no pasó nunca. Aunque las ganas están y cada vez son más fuertes.
Tienes siempre un pretexto perfecto para tocar cualquier parte de mi ser y me haces temblar. Me sale la risa tonta cuando me preguntan por ti. Como un adolescente cuando le habla quien le gusta. Pero ya tengo una edad. Debería de ser más fuerte y no dejarme llevar tanto... Pero me siento tan bien...
Y me besó. Me besó mucho, pero durante mucho tiempo. Se paró el tiempo y fue eterno. Quería que fuera para siempre. Tenía tanta hambre de esos labios... Que bien lo hacía... Aún ahora siento el hormigueo de sus labios al chocar con los míos. Soñé durante muchas noches con esos labios y esa forma de besar. Me pasaría toda una vida besando esos labios. ¡Qué suavidad! Seguro que los labios que despertaron a la Bella Durmiente eran como esos.
Pero solo me besó. Solo esa vez. Y lo volvería a hacer.
miércoles, 5 de diciembre de 2018
Historia 8.
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